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El abismo de Grand Rapids por Santiago Sanz (28-05-07)

¿Qué es ese ruido?, descuelgo el teléfono y me levanto repentinamente alterado y confuso.

La noche ha sido corta, dios que sensación de vacío, algo normal cuando duermo poco.
Ayer llegué a la una de la mañana al hotel y mientras preparaba la silla para competir se me hicieron las dos. Ese maldito avión que perdí me trastocó los planes, pero he venido a competir y estoy aquí para correr al 120%.
Hoy no voy a tomarme el pulso, prefiero ni verlo y dejar que todo fluya hasta la hora de la carrera. Tengo tres horas hasta la salida en la fría y gris Grand Rapids. Lo primero como siempre mi café, disfruto con él en mis manos y comienzo a ingerir mis barritas ya que a esta hora no está abierto ni “el cielo”.
Ayer en el avión dormí muy bien y eso me sorprende, me dediqué a descansar cuerpo y mente, sabiendo que en lugar de llegar a media tarde, llegaría al hotel pasada media noche. También y siendo optimista ayer descansé tras ocho sesiones completadas de Lunes a Jueves, “que tralla me ha pegado Gabi”, pero lo he cumplido todo a rajatabla y hoy no fallaré.
Poco a poco la sensación de vacío se pasa y tras ese “strong coffee” y barritas ya tengo el agua conmigo en todo momento. Me tumbo en la cama y escucho en mi MP3 a “sentenced” que consigue despertar esa adrenalina que sube minuto a minuto y que voy a necesitar para sentirme “highper” cuando llegue la hora de la verdad. A las 6:00 me visto rápidamente y miro a través de la ventana. Ya amanece y ni una nube ¿Estoy en Grand Rapids? Los dos últimos años se me helaron los huesos ahí fuera y hoy parece que va a lucir el sol, no salgo de mi asombro.
Veinte minutos más tarde salgo con mi silla y “trastos” rumbo al otro hotel donde recogeré mi dorsal y comenzaré a calentar en treinta minutos. Al salir a la calle me sorprende la temperatura, no estoy en Alicante pero no parece Michigan. Tomo la avenida que me lleva al “Courtyard Marriott” y me pregunta un atleta ¿Qué tiempo vas a hacer este año? Mi respuesta es sencilla, de momento sólo pienso en darlo todo, no me preocupa el tiempo, pero evidentemente no es una respuesta sincera ya que por mi mente pasan los 63 minutos constantemente y ese pensamiento transcurre minuto a minuto como una obsesión.
Por fin llego al hotel y allí está Heidie “la organizadora del evento en silla”, me da el dorsal y hablamos de la complicación de ayer. “Heidie fue una pesadilla, creo que al año que viene se me podría invitar un par de días para correr en las mejores condiciones”, acabo con un “Anyways I feel ok”.
Me voy a un rincón del pasillo, me siento en el suelo y espero hasta las siete. Pronto baja mi amigo californiano Edwin Figueroa y le explico lo que me pasó ayer, aunque rápidamente busco la evasión y prefiero el silencio. A las siete y diez ya estoy encima de la silla y comienzo con el ritual que me evade de todo, pongo mis guantes de algodón muy lentamente y comienzo a pensar en el circuito “en el veinte comienza la Old ken River Bank”. También pienso en la ventaja de este año al entrenar para los 5000m llego con unos 800Km más de entreno que el año pasado y eso me va a permitir soportar mejor los últimos diez kilómetros. Pienso en el final de Seoul hace dos semanas con esos tres kilómetros finales a menos de 2´30´´ el mil y, como no, en Spokane hace seis días con un último empuje diabólico tras el infierno de “Doomsday hill”. “Estoy bien coño” me repito una y otra vez y pienso en la economía de carrera “fluído, amplio, eficiente,…” todo lo que junto a Gabi he trabajado durante tantos años y tantas horas y que comienza a dar sus frutos en la larga distancia.
Media hora antes de la salida salgo a la calle pero me encuentro muy frío y busco un lugar cubierto para calentar, allí junto a Edwin en un espacio de cien metros comienzo a mover mis brazos y poco a poco noto el calor de mi cuerpo, mi pulso sube progresivamente y acabo con unas aceleraciones en la Avenida donde comienza la prueba.
El calor del público contrasta con el viento helado que me nubla las ideas, aunque ahora sólo tengo una en mi mente, correr rápido.
Veo la salida y pronto veo mi lugar, el centro en la primera fila, no quiero ningún percance y quiero vía libre. Me coloco y deseo suerte a Dean Bergeron y Chantal Peticlerc.
Heidie nos comenta que la salida será un banderazo y que en tres minutos comienza la prueba.
Me evado por unos segundos pensando que en menos de seis horas salgo rumbo a casa pero los aplausos de la gente me hacen regresar de nuevo a la línea de salida y oigo “one minute to start ”, es en ese momento cuando cruzo la línea que separa la paz del abismo, cierro los ojos, respiro profundo, “Fifteen seconds”, oigo golpear mi corazón, los aplausos del público, noto cada una de las contracciones de mis brazos, un escalofrío recorre mi espalda, estoy en el abismo pero disfruto este momento, es mi momento…

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