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El abismo de Toronto por Santiago Sanz (22-06-07)

Las siete y “wake up” toca ponerse las pilas y aunque no he tenido un sueño muy profundo si que me acosté ayer a las diez y “oh la la” 38 latidos en reposo, nada mal para haber llegado ayer de España y esperar en Filadelfia “tropecientas” horas antes de que saliese mi vuelo rumbo a Toronto.

Abro la cortina y el tiempo está genial, un solecito que nos vamos a poner morenos en cuanto salgamos allí fuera.
Mi compañero Saul me avisa “Santi a desayunar”. Ese restaurante es magnífico y como manda la tradición en esta prueba comenzamos a hablar con ese café en las manos antes de ingerir algo sólido. “¿Cómo te ha ido durante estos meses Saul?…” pronto llega el canadiese Clayton Gerein y con él se nos hacen las 7:30 allí, miro el reloj y “uhpssss” a comer “mestre”.
Hoy voy a cargar pilas que ayer en el entreno me sentí fatal, Dios me costaba hasta respirar rodando a ritmo de “pisar huevos”, en fin… el viaje a veces hace estragos en nuestros “castigados” organismos y no podemos pedir más.
Cereales, fruta, una tostada con mermelada y leche desnatada “Oh yeah”, creo que le he metido gasolina al organismo para rato y es que ese circuito en Queen´s Park es para estar a tope.
A las 8:15 subo a la habitación, me visto y preparo trastos y como no, esa botella de agua en mis piernas, la hidratación es primordial y antes de irme, visualizo el circuito, veo cada curva, subida, bajada y dejo claro que quiero hacer en la carrera, desde el principio a tope con un paso por el 5000 en torno a 12´20´´, este deporte es sólo para los que arriesgan, los conservadores no llegan a nada.
Salgo con mis trastos, silla y ruedas de recambio del hotel rumbo hacia Queen´s Park donde recogeré mi chip y número, eso si, para evitar perder la concentración me pongo mi MP3 y comienzo a escuchar “Buried Alive” de Sentenced, se me erizan los pelos al escuchar sus melodías y aumenta poco a poco ese grado de euforia antes de una prueba como la de Toronto.
Tras diez minutos empujando a ambas sillas llegó al escenario de la prueba y el día es envidiable con un sol fantástico. Recojo mi chip y número y me preparo para comenzar a calentar. Como siempre ya desde que me subo a la silla no hablo con nadie y me concentro para hacerlo lo mejor que pueda.
A las 9:50 comienzo a calentar. Tengo cuarenta minutos hasta que comience la prueba y quiero poner mi cuerpo a punto progresivamente, sin prisas y comenzando a no más de 120 latidos mi calentamiento, ya habrá tiempo de poner el corazón a 190.
Tras las primeras vueltas al circuito siento unas buenas sensaciones y con unos cinco kilómetros comienzo a sudar. Unos minutos más tarde me quito la chaqueta de calentamiento y dejo de lado el MP3, ahora prefiero escuchar “el latir de mi corazón y mi respiración”. Acabo con unas aceleraciones de 100m y ya me llaman “every racers to Start line”, ese es el momento clave, el no ponerse ansioso, el dejarse llevar por el tiempo, el no quedarse en blanco, esa es la clave para que todo salga perfecto y no haya ningún traspié cuando hay que sufrir hasta morir, cuando el lactato se eleva hasta el “cielo”, cuando deseas no haber sido nunca atleta,…
Nos colocan en la línea de salida y desde ese lugar delante en el centro de la parrilla visualizo mi salida con esa pequeña subida al final de la recta, allí es donde voy a “armarla”. “One minute to Start”, oigo esa frase y ya miro a mi silla detenidamente e involuntariamente el corazón late más fuerte y más rápido.
“Ten, nine, eight, seven,…” por mi mente pasan los duros entrenos de Mayo y la fantástica puesta a punto del motor este año y cierro la cuenta atrás diciéndome a mi mismo, Toronto será otra gran prueba para recordar este año, el resto de la historia ya la conoceis.

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