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El abismo de Boulder por Santiago Sanz (19-06-08)

Suena el despertador y ¡Dios como cuesta levantarse hoy! Mi compañero de habitación Brad Ray me dice “Santi it´s fifteen to five so wake up”.

Hoy no estoy en un estado de plenitud y lo noto en mi cuerpo, estoy cansado, pero ¿Quién no está cansado a las cinco menos cuarto de la mañana?, por un momento pieso ¿A quién demonios se le ocurre poner la prueba de silla de ruedas a las siete menos cinco de la mañana?, en fin, no hay tiempo para contemplaciones y toca trabajar.
Por unos minutos permanezco pensativo en la cama. Ayer estaba en Phoenix, volé a Colorado, esperé dos horas en el aeropuerto hasta que me recogió el taxista, era un tipo “cojonudo”, crítico, como a mi me gusta, se atrevió a decir “All those bullshit politics and the gas follow increasing”, a lo que yo contesto “All are the same bullshit”. Me cuenta en el precioso trayecto que une el aeropuerto Internacional de Denver con la localidad de Boulder. Greg me comenta que en estas llanuras discurren tornados que pueden hacer volar a un camión como si fuera una hormiga y yo le digo que mejor no cruzarnos con ninguno.
Son como cuarenta y cinco minutos los que separan el aeropuerto de Denver de Boulder, se pasa de una meseta impresionante, donde se puede adquirir una casa por algo más de 200000$ a una orografía montañasa y abrupta donde adquirir una casa es algo impensable por menos de medio millón de billetes verdes (dólares), le comento “In Spain it´s imposible buy a house for less than half million euros”.
Estamos llegando a Boulder y “Greg” me comenta “Santi those are University apartments”, le comento “This is such a really big University” y Greg contesta “One of the biggest in Colorado”.
Yo contemplo el pueblo desde la autovía inmerso en una nube. De este pueblo es Andrew Hampsten, campeón del giro de Italia en el 88 y cuarto en el tour del 86 y 92, en ese año ayudó a un tal “Indurain” a ganar su segundo tour, ambos entrenaron aquí en el 94 cuando Indurain atacó su segundo récord de la hora fallido en La Paz. Boulder también era lugar de entrenos de “otro” tal llamado Rominger que se metió al bolsillo tres vueltas y un giro, además este tio me gustaba, era tan agresivo que ni los gregarios de su equipo podían contener su ira en carrera.
En fin, llegué al hotel sobre las seis y tenía previsto un rodaje en un carril bici sobre el que Tyler me había hablado hace unas semanas. Dejó todos los trastos en mi habitación y salgo a por el dorsal, en el jardín del hotel me encuentra Tracy que se encarga junto con Don del evento en silla. “Finally you arrived” y le contesto “Why do you think I was supose to arrive yesterday, I gave you this flight” y me comenta que no sabe de donde habrá surgido la confusión, pero todo el mundo pensaba que llegaría ayer. Me comenta que vamos a recoger el dorsal y firmar toda la documentación necesaria para el evento, yo veo al marroquí Harroufi rodando cerca del río y le comento a Tracy “Is this the bike path for training?” a lo que ella comenta “Yes it is, you can push both directions and is a great quiet place to train”, se me escapa un “Cool”.
“So tomorrow do we race at noon?” y ella me suelta un “Your race is at 6:55am” “What?”, si Santi, a las siete menos cinco es el evento en silla, se me queda una cara de tonto espantosa y le digo que en la web el evento en silla esta anunciado para mediodía, en fin… decido ir a formalizar los papeleos de mi inscripción y marcharme a la habitación a preparar silla y rumbo a la cama.
Ya me voy despertando poco a poco y toca ultimar preparativos, lo primero es desayunar, tampoco hay mucho que desayunar, una barrita y un cafetito. Mientras preparo el desayuno, me dirijo a la ventana y, ¿Cual es mi sorpresa? Lluvia, parece que ha llovido durante toda la noche, además el cielo nuboso, tiene un color gris plomizo que no augura una prueba en seco, miro a Brad y le digo “it´s raining” y lo primero que le comento es que odio poner resina porque manchas toda la ropa,la silla, etc… pero no puedo pensar en esas cosas, es como cuando mis padres van al mercado lloviendo.
A las seis hay que estar en el hall y no hay que despistarse, a las seis y cuarto nos ponen el chip en la línea de salida que no tengo ni idea de donde está.
Tomo mi café y hoy no tengo esa tensión de otras pruebas, merezco un poco de “gozo”, tras tres victorias a principios de mes, además la semana ha sido dura, esta competición no está coloreada en rojo en la planificación. Es otro entrenamiento, eso si, de mucha calidad, un entreno de casi media hora, hiperventilando a más de ciento ochenta latidos por minuto y encima a casi dos mil metros de altura.
En mi mente se superponen imágenes de sufrimiento de todas las competiciones de Mayo y sigo con ese sentimiento de “rareza” ante este nuevo evento, me pregunto cuestiones del tipo ¿Será tan duro el circuito?, ¿Me adaptaré bien a los 1600 metros de altitud?, ¿Rendiré como toca tras el viaje de ayer?, no respondo a ninguna de ellas, estoy tranquilo y vengo a “entrenar” más que a competir, mi principal objetivo es ver la asimilación de los entrenamientos, observar si corro fluído, si el motor funciona a tope y, lo más importante, soy el elemento clave para dar un feedback a Gabi (entrenador) sobre como marcha todo.
El tiempo pasa, el próximo paso tras el desayuno es ajustar ruedas, dar aire y poner el “pegote” de resina en el trozo de cinta americana, si hay algo que detesto es ver la silla sucia antes de competir, la silla es parte de mi imagen y tiene que estar impecable.
Cuando ya está todo listo me voy a ponerme mi body de competir y mi chaleco de calentamiento. Falta media hora para las seis y ya está todo listo, pero suena el teléfono y lo coge Brad “Santi is for you”, me pongo y me comenta Tracy que se han equivocado al ponerme el número y que me lo lleva Don a mi habitación para cambiarlo “Ok Tracy but please as fast as you can bring me it, I need to be in the hall at five to six”.
Pasan unos minutos hasta que llega Don y comienzo a impacientarme pero ya está aquí. Me hecha un cable y en tres minutos relucen los números en el casco y la silla, ya estoy listo y tengo ganas de comenzar a calentar, faltan diez minutos para las seis y le comento a Brad que nos salimos al lobby.
Cogemos silla y material y nos dirigimos al hall. Allí hay otros tantos “racers” y saludo a todos, aunque mi nerviosismo me hace salir a la calle a ver como llueve, afortunadamente no llueve pero el asfalto está muy mojado y espero que las curvas no sean demasiado peligrosas porque odio arriesgar en terrenos desconocidos.
Me ubico en una esquina del hall y subo a mi silla, le pido a un señor que pasa cerca de mi que me apriete el velcro al máximo. Me gusta sentir la silla como un elemento más de mi cuerpo, somos un mismo elemento. Comienzo a ponerme mis guantes y ya falta menos de una hora para salir, me encanta, vuelvo a competir y cada vez estoy mejor de forma, hoy hay que disfrutar de cada uno de los diez mil metros que conforman la BolderBoulder.
Cuando ya estoy listo, espero unos minutos hasta que el resto de atletas salen del hall, yo me dedico a seguirlos, no tenga ni la más remota idea de donde está la salida y hay que estar allí alrededor de las seis y cuarto para que nos coloquen el chip. Luego comenzaré a calentar tranquilamente, tengo casi media hora para ello y no me quiero “atiborrar” a kilómetros porque tras la prueba quiero completar el entreno con quince kilómetros más.
Sigo a un grupo de “Wildcats” que son los miembros del equipo de la Universidad de Arizona. Vamos por una acera paralela a una avenida muy transitada. Me pongo nervioso cada vez que cruzamos una calle, el asfalto está mojado y con esos pequeños baches puedes pinchar una rueda facilmente.
Sólo separa una milla el hotel de la salida de la prueba y a mi se me hace interminable. Aprovecho ese tramo para ajustar mi silla al máximo. Hoy siento frío, quizás el entrenar en Phoenix me haga vulnerable a este clima, pero muscularmente me encuentro bien, a pesar de la carga de entrenamiento de toda la semana.
Llegamos a la Avenida donde tiene lugar el comienzo del evento e indiscutiblemente es un evento “top five”, donde se van a agolpar más de cincuenta mil atletas para afrontar esta prueba. La gente cuando ve pasar nuestros bólidos se queda pasmada y suelta algún “that´s cool”. Me gusta la avenida donde discurre la salida, la verdad es que el comienzo va a ser super rápido, seguro que a bastante más de treinta kilómetros por hora, aunque cuando comiencen las cuestas, otro gallo cantará, por ello, es importante un calentamiento largo, ya que el paso del llano a la subida, se debe de afrontar sin malestar muscular ni cardiovascular. El atleta debe seguir fluído y a paso firme. Es tan importante ese hecho que me apresuro a poner mi chip y comienzo a calentar.
Los primeros metros son tranquilos, hay muchos atletas en la calle y prefiero evitar cualquier incidencia. Llego a un cruce y allí está mi amigo Saul que ha comenzado a calentar, yo pongo el velocímetro a cero y comienzo el ritual. Hay que completar un ligero rodaje de seis kilómetros. Saludo a Saul y le dirijo un “¿Qué tal todo brother?”, me cuenta que todo va genial y que se ha venido con toda la familia a Colorado. “Cuando acabe la prueba conoceré a tu niño ok?”, Saul me pregunta por Pilar y por mi familia, yo le digo que todo va estupendo y que la niña crece a un ritmo frenético.
Hay que comenzar con la “faena”. Inicio mi calentamiento en esa calle hasta su primera intersección, donde tengo que cambiar de sentido porque el tráfico está abierto en la avenida anexa. Estudio el terreno y tengo aproximadamente unos seiscientos metros, allí estaré hasta que falten diez minutos para la salida. Numerosos atletas en silla calentamos allí, pero cada uno lleva su rutina, no soy un atleta que realiza cambios repentinos de un año para otro y llevo calentando igual desde hace más de cinco años, por eso, busco una total concentración en mis sensaciones, me gusta obsevar la “alegría” de mi brazada y colocarme bien en la silla, todo tiene que ser un mismo elemento (cuerpo y silla).
A medida que trascurren los kilómetros, el cuerpo comienza a emitir ese calor que se podría definir como placentero. Comienzo a sentir mis articulaciones con total claridad y, a pesar de los menos de diez grados que debe hacer ahora mismo en este precioso lugar, comienzo a sentirme alegre, motivado y con muchas ganas de que se de el pistoletazo de salida.
Ya llevo cerca de cinco kilómetros en mis espaldas y el tiempo se me ha hechado encima, hay que improvisar algo para estar listo y dirigirme a la línea de salida. Acabo con dos aceleraciones de doscientos metros y siento mi corazón palpitar muy fuerte, además hiperventilo muy estruendosamente, se notan los más de mil quinientos metros de altura, definitivamente, esta carrera va a ser muy exigente.
Me ubico en la primera línea de la parrilla en el lado derecho y pronto nos avisan que quedan menos de cinco minutos para el evento en silla de ruedas “Five minutes to go guys”. Trato de mantener mi concentración y comienzo a mover mis brazos para seguir caliente, por un momento pienso que tras el vuelo de vuelta a Phoenix, estaré un mes sin volar y eso me alegra. Me he pegado un mes de vuelos impresionantes y necesito tranquilidad, tras esta prueba comenzaré mi puesta a punto para las pruebas de Junio/Julio.
“In two minutes this guy with the trompete will give you the thirty seconds signal to the start”. Me quedo asombrado, es la primera vez que oigo lo de la trompeta, en fin, me preparo para la batalla, hoy tocará recibir más que dar y sufrir mucho para entrar en el podium pero las sensaciones son buenas, aunque no espectaculares como en Spokane o Grand Rapids, pero la diferencia está clara, a esas pruebas llegaba descansado y Boulder no está entre las carreras importantes de la temporada.
Suena la trompeta y mantengo mi mirada en la recta que se atisba infinita, tengo que hacer un buen primer kilómetro, coger el ritmo de brazada, de respiración, subir a esos casi ciento noventa latidos y luego disfrutar de los nueve kilómetros restantes.
Es impresionante pero durante esos treinta segundos se paraliza el mundo, mi cerebro, mi sangre, todo fluye más lento y se hace eterno ese mísero medio minuto, aunque a mi mente fluye siempre un pensamiento, el de mi familia que está en España haciendo fuerza para que su “Santi” corra como siempre lo hace, con carácter, soltura y determinación. Mi padre sabe que su hijo lo dará todo, mi madre sabe que llegaré destrozado a la línea de meta y Pilar sabe que disfrutaré en esta prueba como en todas, ya que el atletismo es mi vida, es mi pasión y es mi punto fuerte. Hoy como en otras ocasiones saldré al ruedo con la pasión que me caracteriza, ya que no hay mejor recompensa para un atleta que disfrutar en la batalla…

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