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PONDREMOS EL MUNDO PATAS ARRIBA

El abismo de Oita

El despertador comienza a sonar de manera desenfrenada y yo sigo aturdido en la cama. Me cuesta levantarme y me cercioro de que he estado soñando toda la noche. Es como una rutina automatizada y lo primero que hago es comprobar mi pulso basal que compruebo que está entre 35 y 40 latidos “Oh Yeah”.

Ayer dejé todo listo para irme a la línea de salida sobre las nueve de la mañana y no eran ni las nueve y cuarto de la noche cuando me fui a descansar y eso significa que he dormido cerca de diez horas.

Sigo medio dormido pero falta un cuarto de hora para las siete y he quedado con Edwin y Yuko para ir a desayunar, aunque les he dicho que nos encontramos en el restaurante, el día de la prueba no me gusta tener un horario fijo e ir con prisas, sólo hay que correr durante la prueba, el resto de tareas hay que afrontarlas con tranquilidad.

Me visto y me aseo, antes de bajar último vistazo a mi mochila para repasar que tengo todo (chaleco calentamiento, resina por si llueve, herramientas, etc…). Salgo rumbo al ascensor y en el segundo piso me encuentro con Yuko que no me espera en la mesa del restaurante y eso me hace sentir mal.

Entramos y me encuentro con ese “pobre” buffet y es que salvo el pan todo está bastante insípido, por no hablar del café que tiene el color de té y que salvo incrementar la adrenalina no provoca ningún otro efecto ni placer.

Tostadas con mermelada, zumo y café eso es todo lo que quiero comer, no tengo mucho apetito pero el combustible que ingerí ayer fue de calidad excepcional en un restaurante de sushi y por la noche en la taberna de un gran amigo nipón que nos preparó sopa de miso un variado de brochetas de pollo, arroz y mil cosas más, eso si, todo seleccionado de manera sistemática.

Charlamos con mi amigo Bradley Ray, un tipo que sabe vivir y que siempre tiene algo que contar. Nos cuenta que estos meses han sido terribles desde que comenzó la mudanza en Colorado. Pasa el tiempo y le comentó a Yuko que Edwin no aparece y había quedado con él a las siete, en fin, se acercan las ocho y le comento a Yuko que me vuelvo a mi habitación, que quiero estar tranquilo.

Subimos a la octava planta y en cuanto veo mi silla en el pasillo le digo a Yuko si podemos bajarla ya al hall del hotel, pues con doscientos atletas en breve los ascensores van a estar muy congestionados. Allí abajo me encuentro con Edwin que se había confundido de restaurante y me estaba intentando localizar en mi habitación, mientras yo estaba desayunando.

Subo de nuevo a mis aposentos y quedo con Yuko a las nueve menos veinte para marcharnos a la línea de salida, tengo cuarenta minutos para descansar y relajarme, algo muy importante antes de la competición. Me tumbo en la cama y cojo mi botella de agua con la que comenzaré a hidratarme cada veinte minutos, al final te das cuenta que el rendimiento que obtienes depende de cada una de las pequeñas tareas que vas ejecutando.

En mi cama pienso en lo bien que competí en el 2007 donde vencí y acabé con récord de la prueba y a tan solo un segundo del récord mundial. También pienso en lo mal que lo pasé en Chicago hace dos semanas con un frío horrible, aunque trato de evitar pensamientos negativos, toca cerrar una temporada redonda y para ello hemos volado a Japón.

Se hacen las nueve menos veinte y cojo mi mochila y “trastos” y me bajo al hall con Yuko, donde ya esperan medio centenar de atletas para marcharse a la línea de salida. Allí hablo con mi amigo Joshua George un rato y compartimos unas risas, también hablo con mi amigo Edwin y pido a un voluntario que hinché mis neumáticos de competición, francamente la Eagle SS Diavolo Evolution está irradiante y sólo poniendo el aire que toca en los neumáticos esta rueda desenfrenada, signo de que su alineación es excelente.

Se hacen las nueve y cuarto y le digo a Yuko que nos marchamos para la línea de salida que a las diez comienzo a calentar. Tan pronto como salimos fuera Brad bromea con un “It´s seems to be warmer than Chicago” y yo le digo que es un día fantástico. Avanzamos por esas calles estrechas y yo escucho mi grupo favorito “In Flames” que sube poco a poco mi adrenalina. Además me cercioro de que el día está muy nublado y en cualquier momento puede comenzar a llover. Comienzo a implorar a todos los dioses sintoistas para que nos regalen un buen diluvio durante la carrera, a mi francamente la lluvia se me da bien para competir.

Llegamos a la zona donde vamos a esperar antes de calentar y busco un lugar cubierto por si en cualquier momento comienza a llover. Acabo con todos los preparativos antes de comenzar a calentar y hablo con mis compañeros españoles Jordi Madera y Roger Puigbó a los que la lluvia no les hace tanta ilusión.

Se hacen las diez menos diez y toca subirse a la silla. Me pongo los guantes y me doy cuenta que ha comenzado a llover. En mi interior suena un hurra pero no lo exteriorizo porque otros atletas están maldiciendo todo y es que la lluvia puede ser un gran adversario para muchos atletas en silla de ruedas.

Tal y como tengo previsto a las diez comienzo a calentar, pero hay que extremar las precauciones pues más de trescientos atletas están haciendo lo mismo en un asfalto totalmente deslizante. Comienzo estudiando mis sensaciones y enseguida me doy cuenta que me encuentro fantástico, tal vez algo dormido muscularmente pero tras diez horas de cama es normal ese primer síntoma, por ello los veinte minutos que restan hasta que nos coloquen en la parrilla de salida son de vital importancia.

Es un caos la zona de calentamiento y sinceramente ir a más de veinte por hora en esa avenida es toda una aventura que podría ser calificada de “conducción temeraria”, así que me conformo con calentar muy despacio y dejar que los minutos transcurran hasta que nos llamen para alinearnos en la línea de salida.

Se hace la hora y alguien comienza a gritar de forma enfervecedora “racers to start line” y el principal objetivo de romper a sudar lo he conseguido, de esta forma me marcho a la línea de salida con los deberes hechos.

Allí me concentro poco a poco y sinceramente viene a mí esa sensación angustiosa que antecede a momentos tan relevantes como un examen, entrevista de trabajo, etc… Toca canalizar esa ansiedad y relajarse. Van pasando los minutos y cada vez me siento mejor, sólo acuden a mí pensamientos positivos y el pensar que para esta prueba he entrenado durante todo un año y he acumulado cerca de nueve mil kilómetros, sinceramente es una verdadera motivación la que tengo por hacerlo bien, además no para de llover y me siento eufórico.

Cuando restan quince minutos para las diez nos trasladan a la línea de salida y durante esos doscientos metros que nos separan de la misma, escucho a las cientos de personas que se han agolpado allí para presenciar el inicio de la prueba. Es fabuloso ser parte de esta competición tan impresionante y se que las expectativas que tiene sobre mi la organización de la prueba son muy elevadas pero hoy no voy a fallar, toca poner la máquina al mil por mil y vencer en esta maratón.

El juez de la carrera anuncia que queda un minuto para comenzar la prueba y mi corazón comienza a bombear más rápido, mi respiración se acentúa y siento una increíble ansiedad pero una imagen en mi mente de mi hija me tranquiliza y me permite crear una idea muy sencilla “Fast” “go Fast”….

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