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PONDREMOS EL MUNDO PATAS ARRIBA

El abismo de Spokane por Santiago Sanz (10-05-07)

¿Qué es ese pitido? me levanto confuso de la cama y miro el reloj, las seis “Dios, he dormido diez horas”.

Lo primero como siempre el pulso basal, ayer no bajé de 45 pero llegué al hotel a las 12:00 y dormí seis horas. Espero unos minutos con la cinta puesta y oh la la 37 latidos, creo que estoy listo para correr.
Ayer por la noche dejé todo listo en la mochila. Tengo casi dos horas antes de comenzar a calentar, a las 7:50 tengo que estar en las calles de Spokane dándole al aro y no quiero retrasarme ni un minuto. Me visto rápidamente y ya mi amigo Saul regresa de la “Hospitality room” con su coffee y tostadas. “Vuelvo en 25 minutos mestre” le digo mientras cojo mi botella de agua que ya no la suelto hasta que me subo a la silla.
Desayuno muy ligero un café con leche desnatada y un bagel integral con pasas y mermelada de fresa.

Veo caras conocidas, Jhon Korir, Jhon Duda, etc… y tienen la misma expresión que yo. Incertidumbre antes de comenzar la gran prueba que congregará a más de 40.000 atletas.

Acabo el desayuno con mi amigo y rival Clayton Gerein, el mejor atleta de todos los tiempos. Charlamos y me cuenta anécdotas del maratón de Padova. Pienso, Clayton va a ponerme difícil las cosas, viene en forma y querrá guerra. Mejor subo a la habitación y dejo que el tiempo me arrastre hasta la hora de calentar. No quiero ninguna presión extra.
Allí visualizo la carrera, el último año me falto más motor en el final de la carrera. Este año quiero ir de menos a más, arriesgar lo justo en la bajada y cuando acabe Doomsday Hill en el kilómetro 9 ir a tope.
Las 7:15 en el reloj, cojo los trastos y le digo a Saul que voy a preparar la silla y pasar el check in. En cuanto llego abajo veo a una treintena de atletas en silla preparando las máquinas. Me voy directamente al rincón donde descansó mi máquina esa noche y preparo todo. Último apretón de ruedas, inflar a tope los tubulares y seguidamente el check in, donde Tom Cameron aprovecha para preguntarme como me encuentro. “Tom I feel great, I think in a new course record”, nos reímos y me da el ok de la silla.
Salgo afuera un momento a ver que temperatura hace. Uff que frío, se me hielan los huesos pero no amenaza lluvia como el año pasado. Es hora de subir a la silla, me pongo los guantes y el chaleco tranquilamente, en ese momento me relajo, evito prisas y ya no hablo con nadie.
Las 7:55 salgo del hotel y ya huelo en el ambiente el comienzo de la prueba. Comienzo a calentar muy lento, tengo las muñecas heladas y necesito unos minutos. Llego a la línea de salida unos cinco minutos más tarde, está todo cortado y me pongo a calentar solo en la primera recta, hasta la gran bajada, me cruzo con mis rivales y sigo estudiando mis sensaciones. Me encuentro mejor poco a poco pero noto que el aire frío me quema al pasar por la garganta.
A las 7:20 comienzo a realizar unas aceleraciones de 200 metros y ya oigo a un agente de la prueba “wheelchairs to Start line”.
Allí me quito el chaleco y sigo moviéndome, no quiero enfriarme para nada. He calentado genial y ahora queda poner el broche dorado a la prueba.
Me colocan en línea de salida y noto como la adrenalina comienza a subir. “Three minutes to Start”, pienso en lo bien que va la temporada y lo bien que ha ido la semana en Estados Unidos tras llegar de Corea destrozado.
“One minute to Start”, de repente me invade una sensación de inseguridad pero ¿Qué cojones? Yo he nacido para correr, eso me dijo mi madre con 15 años y hoy mostraré lo que valgo en esas cuestas. Respiro profundo, oigo mi corazón latir fuerte, suena el disparo y …

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